EVANGELIO DEL V DOMINGO ORDINARIO

(09/02/2020)

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Lectura del santo Evangelio según san Mateo: 5,13-16


 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos".


 Palabra del Señor.

 



 


LA IGLESIA EN LO ALTO DE LA MONTAÑA


Érase una iglesia construida en lo alto de una montaña de Suiza.

La iglesia era muy hermosa y había sido edificada con mucho cuidado. Pero a la iglesia le faltaba una cosa. Por sorprendente que les parezca era una iglesia sin ningún tipo de iluminación.

Los domingos, al atardecer, la gente de los alrededores contemplaba siempre el mismo milagro.

Las campanas sonaban y los feligreses subían lentamente la colina para la celebración dominical.

Entraban todos a la iglesia y ésta, de repente, se llenaba de luz y de un gran resplandor.

Los feligreses subían con sus antorchas, las encendían y las colocaban en las paredes para que su luz llenara toda la iglesia.

Si los fieles eran pocos la luz era muy tenue, pero si eran muchos la luz era mucho más intensa.

Terminada la celebración, los fieles regresaban a casa con sus antorchas encendidas y los que los veían bajar la colina contemplaban un gran río de luz que salía de la iglesia e iluminaba la montaña.

La iglesia de la montaña se convertía en verdadera iglesia cuando se llenaba de gente, en esos momentos era cuando todos los creyentes eran luz para los no creyentes y se hacía verdad la palabra de Jesús: “vosotros sois la luz del mundo”.

El domingo pasado comenzamos la catequesis del Sermón de la Montaña.

Proclamamos las Bienaventuranzas. Beso, Bendición y Promesa de Felicidad para los que cambian de corazón, escuchan la llamada de Jesús y emprenden el viaje de la fe con la intención de vivir de otra manera.

Jesús no nos impone nada. Jesús también se saltó a la torera las normas de Moisés que, entre otras muchas cosas, prohibían tocar a los leprosos y Él los tocó, beso de amor y de sanación.

Jesús, en este evangelio, nos define a sus seguidores y nos revela nuestra nueva identidad.

“Vosotros”, mis seguidores, mis amigos, no los paganos, “vosotros sois la sal de la tierra”. “Vosotros sois la luz del mundo”.

“Vosotros”, llamados a no indoctrinar a nadie, sí llamados a dar testimonio de vuestra nueva identidad, de vuestro nuevo ser.

La metáfora de la sal.

La sal conocida y usada seis mil años antes de Cristo ha acompañado siempre a la humanidad como elemento esencial y cotidiano. Dicen que hasta los soldados romanos eran, a veces, pagados con sal.

¿Tiene sentido el que Jesús nos diga que somos sal? ¿Cuál es el papel de la sal?

La sal conserva los alimentos, especialmente las carnes, y evita su corrupción.

La sal sazona y da sabor.

La sal se disuelve y no se ve, pero su acción es eficaz.

Si nosotros somos sal, ¿cuál será nuestro papel en medio de la sociedad en la que nos toca vivir?

“Vosotros”, llamados a conservar el mensaje de Jesús en toda su pureza.

“Vosotros”, llamados a no contaminar con vuestras teorías y preceptos meramente humanos la enseñanza del Maestro.

“Vosotros”, llamados a conservar la fe en Jesús, el que la comienza y la perfecciona.

“Vosotros”, llamados a sazonar las relaciones humanas y la sociedad más próxima con los valores evangélicos y trascendentes.

“Vosotros”, llamados a actuar con pasión desde la fuerza del evangelio, a transformar el mundo.

Ser cristiano, dicen, es una enfermedad que muchos quieren curar y declararla en proceso de extinción. A nosotros nos conserva, sazona y nos cura.

“Vosotros sois la luz”.

Faro para iluminar el camino de los viajeros ciegos para que no se estrellen contra las rocas y lleguen felizmente al puerto de la salvación.

Antorchas que iluminan a los de dentro de la iglesia y a los de fuera.

El ministro de industria nos regaló unas bombillas de bajo consumo. El verdadero seguidor de Jesús tiene que ser bombilla de alto voltaje para iluminar las tinieblas de las injusticias, las guerras, las avaricias y las ambiciones que hacen que la vida de tantos hermanos sea tan difícil y trágica.

La caverna oyó una voz que le llamaba; “sal a la luz, sal y mira mi resplandor”.

La caverna le contestó:” No conozco eso. ¿Quieres decir que aquí dentro sólo hay oscuridad?

Finalmente, la caverna se aventuró a salir y se sorprendió al ver tanta luz por todas partes.

Y le dijo: “Ven a mi cueva y mira la oscuridad, pero cuando el sol entró ya no hubo oscuridad.

Dejemos entrar en nuestra cueva al sol, Jesús, y ya no habrá más oscuridad en nuestra vida.

¿Qué pasaría si todos los cristianos saliéramos del armario y proclamáramos nuestra Fe?

Salir del armario de la rutina y de la comodidad y profesar valientemente nuestra fe equivale a ser luz del mundo, sal de vida.